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Visitar los Reales Alcázares de Sevilla
Una vez en Sevilla, un monumento centrará el interés del viajero que no debe saltárselo si no quiere pecar de ser un turista un tanto gandul y despistado: los Reales Alcázares. De hecho, cuentan con la consideración de Patrimonio de la Humanidad y la monarquía española se aloja en estas colosales dependencias cuando recala en la urbe sevillana. No en vano, fue aquí donde se celebraron los esponsales de la infanta Elena con don Jaime de Marichalar en 1995.
Por desgracia, el enclave parece que sólo les procuró un álbum de fotos bonito y no suerte, pues el real matrimonio ya anda divorciado. Sin embargo, al trotamundos poco le interesan estas historias de cotorra de un complejo cuya primitiva fortificación data del año 913, con la llegada de los árabes, y que tanto avatar histórico ha presenciado.
Historia Recitar la historia del monumento puede resultar casi tan extenso como la lectura del Quijote. De modo que nos quedaremos con la versión abreviada, pues los Alcázares sitúan su origen en el año 913. En esa fecha, el primer Califa andaluz Abd al-Rahman III construyó su palacio (el recinto Dar Al-Imara ) sobre un antiguo asentamiento romano. En los siglos posteriores se prosiguió agregando belleza y ampliaciones al complejo como el palacete Al-Mubarak, el jardín del Crucero, el palacio conocido como del Yeso… Con los años, la ciudad andaluza se convirtió en la capital del Reino Almohade y esto se reflejó en sus construcciones. También se atisba la huella cristiana pues Alfonso X el Sabio aportó en 1254 un bello edificio gótico. A estas infraestructuras, se sumaron los proyectos emprendidos por el Conde Duque de Olivares quien asumió la remodelación de los jardines.
Desde luego, si este edificio hubiera recibido un Óscar al mejor monumento tendría que dar gracias en su discurso a un largo listado de personajes como Fernando VI y VII, Carlos III o los Duques de Montpensier, unos de sus últimos moradores.
Descripción y patrimonio Dado que esta Guía no es muy extensa, nos limitaremos a referir unos escasos puntos de interés:
Puerta del León Dicha puerta sirve de acceso a este paraíso monumental. Exhibe un estilo almohade, aunque lo coronan unos azulejos de cerámica trianera del año 1894.
Patio de las Doncellas Fue Felipe II el artífice de esa fuente que engalana el centro del patio, además el monarca decidió enlosarlo.
Salón de Embajadores o de la Media Naranja Esta sala es como el firmamento, para captar su esplendor hay que marcarse una torticolis en el cuello. De hecho, su cúpula lo merece. También hay que prestar atención a la parte inferior y superior de los muros. Esta última ornamentada con yeserías de temas geométricos.
Datos prácticos Para consumar el festín monumental, el viajero debe estar atento a su horario. En invierno, abren de lunes a domingo entre las 9:30 y las 17:00 h. En verano, (de abril a septiembre) alargan hasta las 19:00 h. En cuanto a sus tarifas, éstas no superan los ocho euros, pero si el visitante es un estudiante, un pensionista o discapacitado, el acceso resulta muy, pero que muy económico: gratis.
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