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Los grandes monumentos de Sevilla. Catedral, Giralda y Torre del Oro
Después, su río Guadalquivir, tan precioso como el Sena parisiense, a cuya vera se sitúa la gallarda silueta de la Torre del Oro. Dicho edificio lleva desde 1221 engarzado como una joya (pues lo es) en el cielo de Sevilla. Además de este compendio de ancianas preciosidades, la metrópoli ha adoptado unos aires modernos con la celebración de la Exposición Universal de 1992. Con motivo de este evento, la capital andaluza adquirió una nueva fisonomía con puentes, ampliación de su aeropuerto y el AVE, que fue el primer tren de alta velocidad que surcó España para cubrir la distancia entre Madrid y Sevilla. Así que el trotamundos debe hacer sus deberes y rodar con una calesa sobre las callejuelas empedradas de este bello rincón español.
Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla y la Giralda Visitar este templo y hollar la cima de la Giralda, tras el ascenso a pie de sus 104 metros, es la actividad más sana que puede emprender el turista. Dicho edificio es de corte gótico y exhibe sobradas razones para ganarse el beneplácito de la UNESCO, que en 1986 lo declaró Patrimonio de la Humanidad. A la entidad cultural no le quedó más remedio que decir amén a tanto desparpajo ornamental y constructivo. No en vano, se jacta de ser la catedral gótica más grande del mundo y eso se corrobora nada más atisbar la muchedumbre de curiosos que la asedia todos los días. El viajero debe estar atento a su Patio de los Naranjos, reminiscencia de la mezquita almohade que en su día se plantó aquí, y el campanario (la Giralda), cuyas obras se emprendieron en 1184 y que emula el alminar de la mezquita Kutubia de Marrakech (Marruecos).
Si el vagamundos quiere extraer el máximo rendimiento a su visita, desde esta Guía le recomendamos el curioseo de esta Web donde hallará horarios de liturgia, actividades, historia, noticias, así como otros datos de interés: www.catedraldesevilla.es.
Torre del Oro El viajero se habrá topado con una bella construcción que despacha encantos en el margen izquierdo del caudaloso Guadalquivir. Fue construida en los años 1220 o 1221, y andaba unida a la Torre de la Plata por una muralla que sellaba el paso al Arenal. Muy próxima a ella, se atisban las murallas de la plaza de toros de la Real Maestranza donde, por cierto, además de tauromaquia, hay vocerío de ópera, como la obra “Carmen” del dramaturgo Salvador Távora. Pero volviendo a la Torre del Oro, el trotamundos ha de saber que en sus interiores se aloja el Museo Naval de la ciudad. Aunque, desde luego, el edificio ha sido una auténtica “sala multiusos” pues ha servido como almacén de pólvora, capilla, oficinas de capitanía, prisión…
En nuestra opinión, su último cometido resulta el más digno para esta dama y, así, el curioso podrá husmear entre un cañón del siglo XVI, brújulas, mascarones de proa, cartas marinas, etc.
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